El profesor como mentor

Publicado en Vanguardia Educativa (Monterrey, México), nº 17, 2014

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María Rosa Espot y Jaime Nubiola
Ciertamente existen docentes natos con gran habilidad para enseñar a sus alumnos, pero de ordinario llegar a ser un buen profesor requiere un aprendizaje tenaz. Para el aprendizaje de la profesión docente no es suficiente la experiencia directa, ni el intercambio informal con colegas, ni por supuesto el sentido común, o lo que el aspirante a profesor recuerde de sus propios profesores del período escolar o universitario. En este sentido, la figura del mentor, es decir, de un profesor experimentado, con unas tareas específicas de formación y acompañamiento nos parece decisiva para la formación, a nivel personal, de los profesores principiantes.

Con el término mentor, más frecuente en el mundo académico angloamericano que en el latino, se alude a Mentor, amigo de Ulises, cuya figura adoptó la diosa Atenea para guiar e instruir a Telémaco durante la prolongada ausencia de Ulises con motivo de la guerra de Troya. Con ese término se hace referencia a un experto consejero interesado siempre en el crecimiento personal de quien acude a su sabio consejo.

La labor del profesor mentor

El profesor mentor debe ser un profesor experimentado, competente y de reconocido prestigio profesional; un profesor con autoridad ante el resto del profesorado y los alumnos del centro educativo; un profesor capaz de suscitar en los estudiantes entusiasmo por la materia que enseña. Su ayuda al profesor joven consistirá en un asesoramiento en las tareas docentes y una orientación ante las diversas situaciones que se presentan al nuevo profesor en sus comienzos profesionales. Es decir, las tareas principales del profesor mentor son guiar e instruir.Las vías para desarrollar la actividad de mentorización realmente son muy diversas y por supuesto habrán de ajustarse a las características específicas de cada centro académico y de las personas concretas. Dicho esto, nosotros proponemos prestar atención a tres medios de formación personal: 1) las entrevistas periódicas, siempre preparadas por ambas partes; 2) la asistencia a clases, tanto del mentor a algunas clases del profesor joven como del joven a algunas clases del mentor, de manera previamente convenida por ambas partes; y 3) la comunicación epistolar mediante el correo electrónico entre el mentor y el profesor debutante. La comunicación por escrito obliga a una reflexión previa que no solo ayuda a poner orden y a aclararse uno mismo, sino que además permite decir con más precisión aquello que se desea comunicar. Esta tercera vía por supuesto no excluye las dos anteriores, sino que viene a ser complementaria.  

Factores que propician una buena relación de mentorización

En la relación de mentorización es muy importante, por parte del mentor, la comprensión y el aprecio hacia el profesor joven, además del estímulo y la exigencia. En este sentido, el mentor debe orientar al nuevo profesor dándole criterio y proporcionándole recursos y estrategias para hacer frente a las distintas situaciones que van surgiendo diariamente a lo largo del curso, sin olvidar animarle y exigirle. El mentor necesariamente ha de ser un profesor digno de confianza, cálido y sensible a las necesidades de quienes buscan su consejo y apoyo. Para que la ayuda que el mentor presta al profesor debutante sea eficaz, tiene que ser una ayuda amable, respetuosa y delicada, lejos de cualquier forma de autoritarismo. De ninguna manera el mentor puede adoptar un papel de controlador o vigilante de la actividad profesional del principiante. Del modo de actuar del mentor va a depender, en buena parte, que el profesor joven le considere como alguien que va a ayudarle y no como alguien dedicado a enjuiciar o supervisar su actividad profesional. Así, el profesor debutante podrá aceptar su ayuda y acudirá a él —por propia iniciativa— siempre que sea necesario. Ni que decir tiene que dejar hablar al profesor debutante, es decir, dejarle que manifieste sus inquietudes, preocupaciones y dificultades profesionales, así como sus alegrías si las ha habido, es una de las claves de la labor del mentor. Dejar hablar necesariamente tiene que ir unido a saber escuchar, con atención y sin prisas, y saber guardar confidencialidad acerca de los problemas del profesor debutante. Vale la pena destacar la importancia que tiene el hecho de que el mentor y el profesor principiante sean docentes del mismo centro educativo. De no ser así, el acompañamiento que requiere la labor de mentorización es más difícil de llevar a cabo.

La formación del mentor

Para ser un buen mentor el primer requisito es tener el deseo de ser mentor de otros profesores. Este deseo se traducirá en estar dispuesto a invertir el tiempo y el esfuerzo requeridos para adquirir la formación necesaria para realizar bien esa tarea.La formación que debe adquirir un aspirante a ser un buen mentor, no puede limitarse únicamente a las tareas propias del trabajo docente. Vale la pena destacar que uno de los objetivos principales del mentor es promover el desarrollo profesional y personal del profesor principiante; por lo tanto, el mentor tendrá que formarse también en esa dirección. De hecho, el profesor experto debe estar dispuesto a enseñar, además, la manera cómo él resuelve sus problemas y toma sus decisiones. Este apasionante objetivo exige al mentor una reflexión sobre su propia práctica docente y su proyecto profesional. El período de formación inicial no permite al profesor debutante adquirir las competencias básicas de la profesión docente, aunque aporte elementos de importancia. Es necesaria una ayuda al profesor joven, que le ofrezca un asesoramiento y acompañamiento personal. Sin lugar a dudas la labor de mentorización en una institución educativa no solo beneficia a los profesores principiantes, sino además a los propios mentores y a la institución en la que dan sus primeros pasos como docentes.
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María Rosa Espot (Barcelona) es Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Autónoma de Barcelona y Doctora en Humanidades por la Universitat Internacional de Catalunya. Desde 1978 es Profesora en el Colegio La Vall de Bellaterra (Barcelona). Es autora de los libros La autoridad del profesor. Qué es la autoridad y cómo se adquiere (2006) y en colaboración con J. Nubiola, Aprender a divertirse (2011). Contacto: mrespot@la-vall.org

Jaime Nubiola (Barcelona, 1953) es Profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, España. Entre sus libros se cuentan El taller de la filosofía, Pensar en libertad, Invitación  a pensar y en colaboración con F. Zalamea, Peirce y el mundo hispánico. Es director del Grupo de Estudios Peirceanos. Contacto: jnubiola@unav.es