La atención a los profesores principiantes

Publicado en Vanguardia Educativa (Monterrey, México), nº 16, 2014

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María Rosa Espot y Jaime Nubiola
Los inicios en la profesión docente no son fáciles para la gran mayoría de aspirantes a ser un buen profesor. Ser profesor es muchísimo más que saber sobre la materia que se imparte en un aula, dominar las más recientes tecnologías, o conocer las más modernas metodologías o técnicas de enseñanza más en boga. Ser un buen profesor requiere conocer a fondo la profesión docente: saber en qué consiste y qué comporta, y después hacerlo vida.

La llegada del profesor a un centro educativo supone entrar a formar parte de un equipo de trabajo en funcionamiento, con unas costumbres, normas, ritmos y modos de hacer que necesariamente el nuevo profesor deberá conocer, aprender y adaptarse a ellos. El avance —incluso el éxito— en ese aprendizaje por parte del nuevo profesor en buena parte va a depender del plan de incorporación y apoyo al profesorado nuevo que el centro tenga establecido. En algunos lugares se llama Plan de acogida al nuevo profesorado en el Centro.

La mayor parte de los profesores principiantes afirma tener una gran necesidad de formación en aspectos relacionados con la disciplina y conducta de los alumnos. Mantener el orden en el aula y su gestión en ella son dos de sus prioridades en sus necesidades de formación.

Los comienzos en la profesión docente

Los profesores principiantes tienen menos confianza en su capacidad docente que los profesores con experiencia. En este sentido podría decirse que imparten clase en condiciones más difíciles. De hecho, el primer año de práctica docente es considerado como uno de los más difíciles en la vida profesional de un profesor.

Los comienzos en la profesión docente realmente no son fáciles. El descubrimiento y la supervivencia marcan la tónica de este primer período de actividad profesional. Uno de los primeros descubrimientos del profesor principiante es la gran variedad de tareas que comporta la profesión docente. El desconocimiento de muchas de ellas y el no saber cómo afrontarlas, así como la falta de tiempo para atender a sus responsabilidades son —para el joven profesor— motivo de gran preocupación; no tarda en descubrir, que su realidad en el centro educativo —y en particular en el aula— es muy diferente a la que se había imaginado y esperaba encontrar. Sin lugar a dudas, las mayores preocupaciones y dificultades están relacionadas con su actividad en el aula.

En esta situación es fácil que aparezca la desilusión, el desengaño o el desánimo. Es más, algunos profesores recién incorporados se cuestionan si realmente van a ser capaces de aprender a enseñar, es decir, se cuestionan su propia validez como docentes. Se hace del todo necesario un plan de incorporación y apoyo al nuevo profesor.

Plan de acogida al profesor principiante

Cada vez son más los centros educativos que tienen un plan de acogida al nuevo profesorado. No obstante, la calidad y efectividad de estos programas de acogida varía enormemente de unos centros a otros. Algunos se reducen únicamente a cuestiones relativas al funcionamiento y la organización del centro (organigrama, cauces de comunicación, calendario, horarios, instalaciones, etc.), que impresas en unas páginas —o bien verbalmente— se comunican al nuevo profesorado al inicio del curso. Por supuesto, estas son cuestiones que necesariamente el profesor recién incorporado debe conocer. Sin embargo, un plan de acogida al nuevo profesorado que deje de lado la formación sobre su labor docente resulta del todo insuficiente.

¿Cómo se imparte una clase?, ¿cómo se crea un clima de trabajo en el aula que fomente las ganas de aprender de los alumnos?, ¿cómo favorecer un ambiente que invite a los estudiantes a hacer preguntas y se sientan cómodos al expresarlas?, ¿cómo se evalúa el aprendizaje de los alumnos?, ¿de qué manera el profesor puede transmitir su interés por lo que realmente preocupa a sus alumnos? Estas son las cuestiones que, entre otras, un plan de formación y apoyo al nuevo profesor debe abordar. 

La mejor ayuda

La mejor ayuda que puede ofrecerse a un profesor principiante no nos parece que sea proporcionarle un montón de páginas escritas sobre todo lo que debe saber para llegar a ser un buen profesor, ni una tanda de sesiones intensivas al inicio del curso. En este sentido, impartir la formación de manera gradual a lo largo de todo el curso académico facilita al profesor principiante la reflexión y asimilación de los contenidos y evita su posible agobio ante tanta nueva información. Sin embargo, el profesor principiante no solo necesita un sistema de ayuda que le oriente en sus múltiples tareas, sino que además precisa un sistema que le proporcione recursos para afrontar las distintas situaciones que le van surgiendo diariamente dentro y fuera del aula.

A nuestro modo de ver, la mejor ayuda que puede ofrecerse a un joven profesor es proporcionarle un plan de acogida que por un lado aborde de manera gradual la formación teórica necesaria, y por otro que ofrezca al nuevo profesor la ayuda personalizada de un mentor, es decir, la labor de un profesor experimentado —un profesor del mismo Centro— con unas tareas específicas de formación, guía y acompañamiento al joven profesor. El profesor-mentor es quien se encargará de aunar el conocimiento teórico adquirido gradualmente y el conocimiento práctico tan necesario en el aprendizaje de la profesión docente.

La ayuda que supone al profesor principiante el hecho de tener un profesor-mentor a su lado es realmente inmensa. Vale la pena destacar la importancia que tiene iniciar esta labor de formación y apoyo al joven profesor en el comienzo de su vida profesional, sin demoras de ninguna clase. Hacerlo de ese modo permite evitar no solo cualquier desilusión, desánimo o agobio del profesor debutante, sino también evitarle cualquier desprestigio ante sus alumnos o ante sus compañeros del centro educativo en el que ha iniciado con tanta ilusión su vida profesional.

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María Rosa Espot (Barcelona) es Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Autónoma de Barcelona y Doctora en Humanidades por la Universitat Internacional de Catalunya. Desde 1978 es Profesora en el Colegio La Vall de Bellaterra (Barcelona). Es autora de los libros La autoridad del profesor. Qué es la autoridad y cómo se adquiere (2006) y en colaboración con J. Nubiola, Aprender a divertirse (2011). Contacto: mrespot@la-vall.org

Jaime Nubiola (Barcelona, 1953) es Profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, España. Entre sus libros se cuentan El taller de la filosofía, Pensar en libertad, Invitación  a pensar y en colaboración con F. Zalamea, Peirce y el mundo hispánico. Es director de la revista Anuario Filosófico y director del Grupo de Estudios Peirceanos. Contacto: jnubiola@unav.es