Las pantallas y el aprendizaje

Publicado en Vanguardia Educativa, nº 35, Monterrey, México, 2018

María Rosa Espot y Jaime Nubiola
Los alumnos —jóvenes y adolescentes del siglo XXI— están gran parte del día conectados a sus pantallas (móvil, tableta, ordenador, televisión). Los artilugios tecnológicos les permiten acceder inmediata y fascinantemente a una gran cantidad de información relacionada con sus estudios, compartir su vida con sus amigos y seres queridos, estar al tanto de lo que ocurre a cientos o miles de kilómetros, sacar unas entradas para asistir a un concierto u otro espectáculo, ver películas, etc. Ni que decir tiene que son una mayoría los alumnos que cuando aparece el aburrimiento en su vida lo combaten conectándose a una pantalla.

El hecho de estar permanentemente conectados y entretenidos ¿disminuye la posibilidad de imaginar, de inventar, de ser creativo?, ¿reduce el interés por la práctica de un deporte, o por la lectura?, ¿aleja —o incluso aísla— de las personas que están físicamente cerca, o de la vida real? Son cuestiones que los educadores a menudo nos planteamos y debemos abordar.

Por supuesto las ventajas y los beneficios que proporcionan las pantallas, en modo alguno nos parecen poco importantes, sino todo lo contrario. Sin embargo, los profesores no podemos ignorar, o dejar de lado, los efectos negativos del uso excesivo de las pantallas por parte de nuestros alumnos —incluido el sedentarismo que lleva incorporado—, ni cómo influyen realmente las tecnologías en su aprendizaje.

Estar permanentemente conectado va claramente en detrimento de actividades humanas altamente enriquecedoras: jugar al aire libre y usar la imaginación en los juegos, leer libros impresos, practicar un deporte o un hobby, conversar tranquilamente enfrente de la otra persona, viendo su mirada y aprendiendo a escuchar. Vale la pena que los profesores consideremos esta carencia y la tengamos en cuenta en nuestra tarea educativa.

"La tecnología es un mal sustituto de la interacción personal", "la naturaleza es más más lenta que internet y los jóvenes se van a aburrir con todo", son frases de expertos a las que merece la pena poner atención.


El papel de las tecnologías en el aprendizaje de los alumnos

Llama profundamente la atención leer en la prensa que "la mayoría de los hijos de empleados de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley estudian en colegios sin ordenadores ni dispositivos electrónicos, con papel, tiza, lápices y materiales básicos como únicas herramientas".

Para muchos tener equipadas las aulas con dispositivos tecnológicos es sinónimo de modernidad y vanguardismo en la enseñanza, y de avance en el aprendizaje de los alumnos. Sin embargo, la investigadora y escritora canadiense Catherine L’Ecuyer afirma con rotundidad que "no existe un conjunto de estudios que relacione el uso de las tecnologías en las aulas con una mejora académica". De hecho, la OCDE en su primer informe sobre la incidencia de las tecnologías en el aprendizaje (Students, Computers and Learning. Making the Connection) concluye que no existe una relación positiva entre el rendimiento académico y el uso de internet en el aula.

La inversión en nuevas tecnologías no deja de crecer en los centros escolares. Ni que decir tiene que saber hacer un buen uso de las pantallas (portátil, tableta, móvil) en el aula o en el tiempo de estudio personal, significa —entre otras cosas— vencer la tentación de dar a internet un uso no académico en esos espacios de tiempo destinados al aprendizaje; nos referimos a revisar el correo o la mensajería del tipo que sea, entretenerse en las redes sociales o video-juegos, navegar por sitios no relacionados con la materia de clase, por poner unos ejemplos. En este sentido, los profesores debemos ayudar a los alumnos —jóvenes y adolescentes— a ser esforzados y responsables en el aula y en su estudio personal individual.

El buen uso de las pantallas en las aulas nos parece excelente, si se emplea como lo que es: un recurso más para el aprendizaje. No debe copar —ni tan solo desplazar— la maravillosa y, sobre todo, humana tarea docente del profesor tanto en el aula como fuera de ella. Estamos convencidos de que "ni la mejor de las tecnologías puede sustituir a un buen profesor".


Lectura de textos en papel y en formato digital

Muchos colegios han establecido en sus aulas el uso ordinario de tabletas con acceso a libros de texto digitales. Su objetivo es obtener mejores resultados en el aprendizaje de sus alumnos y quizá también satisfacer sus ansias de modernidad. Piensan que el medio más adecuado y eficaz para aprender los jóvenes y adolescentes de hoy —a quienes algunos denominan "nativos digitales"— es el medio digital con toda su amplia red de recursos.

Como todos sabemos, es cierto que hay razones económicas y ambientales para dejar de usar el papel y pasarse a la lectura digital. Sin embargo, cuando se trata de estudiar y comparar los efectos del contenido impreso y del contenido digital en relación a la comprensión de la información, vale la pena acudir a investigaciones realizadas.

Según Patricia A. Alexander y Lauren M. Singer (investigadoras de la Universidad de Maryland), "los estudiantes aprenden mucho más de los libros impresos que de las pantallas, aunque ellos creen lo contrario". Parafraseando a Alexander y Singer, los estudiantes prefieren leer en formato digital y piensan que su lectura es más rápida en ese medio; sin embargo —concluyen estas autoras—, "el medio no importa si se trata de la comprensión general (comprensión de la idea principal), pero si se trata de cuestiones específicas, la comprensión es significativamente mejor cuando los estudiantes leen textos impresos".

"La lectura de textos impresos permite concentrarse más y recordar mejor lo leído", afirman otras investigaciones. Cierto. Al hablar de las ventajas de la lectura del texto impreso en relación al digital, no queremos omitir otro tipo de ventajas y placeres que la lectura de libros en papel proporciona al lector: el olor a libro, su tacto, el pasar las páginas, ver cómo se avanza en él, usar el punto de libro y poder regresar al punto exacto donde quedó detenida temporalmente la lectura, poder subrayar y añadir fácil y cómodamente anotaciones en lápiz en los márgenes junto a un párrafo que por lo que sea nos ha inspirado a escribirla, poder releer esas anotaciones al cabo de un cierto tiempo (¡días, meses o años!), el no depender de la batería ni de la actualización del software para poder leer cuando a uno le apetezca. En resumen, la calidez del libro en papel es difícil encontrarla en el artilugio tecnológico.