Recensión de Salman Khan, La escuela del mundo

Recensión de Salman Khan, La escuela del mundo, Ariel, Barcelona, 2019, 246 pp. Publicada en Estudios sobre Educación, nº 40, 2021, pp. 219-221

María Rosa Espot
La escuela del mundo es el título del libro de Salman Khan en el que el autor presenta una profunda visión de la educación y el relato del nacimiento, desarrollo y gran acogida de su proyecto personal denominado "Academia Khan", «la plataforma de enseñanza más utilizada de internet». Un proyecto que, alejado de los planes de estudios convencionales, aspira a disminuir la grieta existente entre lo que enseñan los profesores y lo que aprenden los alumnos. Salman Khan es licenciado en Matemáticas, Ingeniería y Ciencias Informáticas por el MIT e hizo un máster en Dirección de Empresas en la Universidad de Harvard. Ha trabajado como analista financiero y como profesor. Define su filosofía básica de enseñanza con unas palabras muy personales y directas: "quería enseñar como me habría gustado que me enseñaran; es decir, esperaba transmitir el puro gozo de aprender, la emoción de comprender el universo" (p. 14). 

El libro está organizado en una introducción —titulada "una educación gratuita y de calidad para todo el mundo y en todas partes"— cuatro partes y una conclusión. La obra se cierra con un apartado de agradecimientos, otro de notas y un índice final.

En la primera parte el autor cuenta los inicios de su gran proyecto educativo, que comenzó con una única alumna (su prima Nadia de doce años de edad) y un solo profesor (él mismo). En aquellos días, escribe Khan, buscaba "la mejor manera de transmitir información y utilizar la tecnología que tenía a mi alcance" (p. 25). Lejos de una teoría pedagógica, basaba su trabajo con Nadia en su experiencia personal (p. 25). Khan argumenta los dos primeros preceptos básicos en los que asentó la Academia: desarrollar las lecciones "al ritmo de las necesidades del alumno" e implantar bien los conceptos básicos de manera que permitan dominar otros más avanzados (p. 28). Para Khan, la presencia del profesor en el aprendizaje del alumno es clave. Otras decisiones formativas que adoptó —consideradas cruciales en relación a la capacidad de atención de los alumnos— son la duración de las lecciones (p. 34) y "las discusiones en grupo o resolución activa de problemas" (p. 36).

Khan está convencido de que la calidad de la educación no exige "campus idílicos y aulas hipertecnológicas" (p. 33). Afirma con rotundidad que la enseñanza informatizada nunca podrá sustituir a los profesores "o rebajar su nivel de preparación necesaria" (p. 41). Analiza el concepto de "dominio de lo aprendido", la idea de que "el proceso [de la educación] comienza con la decisión de aprender" (p. 49), y cómo "rellenar los huecos" (p. 58) que quedan en el aprendizaje.

En la segunda parte el autor aborda la evolución del sistema educativo actual. Se pregunta de dónde salieron "los axiomas que damos por supuestos y de los que ahora somos esclavos: la duración del día y el curso lectivo, la división del día en clases, la partición de las disciplinas en asignaturas" (p. 77). Su respuesta está en "la Prusia del siglo XVIII" (p. 78) y propone adoptar "una postura más escéptica e inquisitiva frente a los hábitos y presuposiciones heredados en materias de educación" (p. 83). En desacuerdo con un "aprendizaje tipo emmental", lleno de agujeros que impiden la comprensión de nuevos conceptos y "que deja a los alumnos frustrados e indefensos" (p. 88), el autor describe dos interesantes ejemplos para "desatascar el caos del aprendizaje tipo emmental" (p. 88). Khan da respuesta a una serie de cuestiones de gran interés: ¿qué examinan y qué no examinan realmente los exámenes convencionales?, ¿por qué las escuelas convencionales dan tanta importancia a los resultados de los exámenes?, ¿realmente son medida de la capacidad innata o del potencial de los alumnos? Pone «los exámenes a examen» y hace lo mismo con el debatido tema de los deberes para casa.

En la tercera parte el autor se refiere a los distintos «estilos de aprendizaje» (p.127). Se plantea ¿centrarse en lo teórico o en lo práctico?, ¿en lo visual o en lo verbal?, ¿utilizar proyectos o conjuntos de problemas tradicionales?, y contesta con otra pregunta ¿por qué limitarse a lo uno o a lo otro?" (p.131). Con la tecnología —afirma— la excusa de que no hay tiempo para ambas posibilidades ya no sirve. Khan no aboga por una teoría generalizada, sino por una serie de prácticas concretas que hayan demostrado tener buen resultado y que sean susceptibles de ser mejoradas (p. 130). En el arranque y posterior desarrollo de su gran proyecto, la Academia, Khan fue ajustando el software para resolver una serie de cuestiones que consideraba de suma importancia en el aprendizaje: "rellenar las lagunas educacionales"; hacer un seguimiento del aprendizaje de los alumnos que le permitiera comprender qué y cómo aprendían; detectar el nivel de dominio de los conceptos básicos. En definitiva, poder interaccionar con los alumnos y personalizar la educación. Cierra el bloque con unas interesantes páginas dedicadas a «instruir deleitando» y "aprender pasándoselo bien de una forma productiva" (p. 147).

En la cuarta y última parte del libro, Khan reacio a la educación convencional se cuestiona el aprendizaje pasivo, el agrupamiento de estudiantes por edad, el trabajo del profesor en solitario, las vacaciones estivales de los estudiantes, la fiabilidad de las notas y otras muchas cuestiones que evidencian la urgente necesidad de repensar la educación y redefinir lo que podría ser la enseñanza en un futuro. Ofrece una serie de sugerencias novedosas, así como recuperar "modelos y métodos antiguos que fueron desechados en nombre del «progreso»" (p. 179).

El libro está bien editado. Es ameno, sugerente y de fácil lectura. El autor propone un conjunto de soluciones y cambios algunos atrevidos en aras a un mejor futuro educativo para todos. Para ello confía y cuenta con la curiosidad por el saber de todos los alumnos. Sin embargo, la realidad es que las ganas de aprender no están siempre presentes en todos los niños y adolescentes. En este sentido, ¿la futura escuela que imagina y propone Khan, sería realmente una escuela para todos?