Las actividades extraescolares

Vanguardia Educativa, nº 37, Monterrey, México, 2019

María Rosa Espot y Jaime Nubiola
Hablar de actividades extraescolares es hablar de actividades para los alumnos, que en principio se realizan fuera del horario escolar —si bien hay escuelas que las ofrecen dentro del horario escolar de mediodía— y que en muchos casos complementan o refuerzan la enseñanza reglada básica que se imparte en los centros escolares; por así decirlo, son enseñanzas que están fuera del currículo escolar. Hay quienes denominan a las actividades extraescolares el "ocio educativo", las consideran una alternativa al "ocio de las pantallas". Otros afirman con contundencia que "realizar alguna actividad después de clase únicamente debe sustituir horas de sofá o de televisión, nunca de convivencia familiar, deberes o juegos". Todos compartimos que un tiempo de ocio nunca puede convertirse en un cúmulo estresante de obligaciones infantiles.

Este tipo de actividades son muy variadas, van desde la práctica de un deporte —sobre todo el fútbol, al menos en España—, hasta el aprendizaje de un nuevo idioma, de un instrumento musical, de una habilidad o maestría (pintura, cerámica, cocina, danza, teatro, papiroflexia, etc.). En muchos casos se tratará de potenciar una cualidad innata del joven educando, o por el contrario de suplir una carencia. En cualquier caso, son actividades que siempre deben favorecer el crecimiento personal del alumno.

Los expertos alertan de que un exceso de actividades extraescolares en los niños puede derivar en el llamado estrés infantil que se manifiesta con cansancio crónico, sentimiento de preocupación constante por la actividad siguiente, dificultades para conciliar el sueño, etc. De hecho, las actividades extraescolares en modo alguno pueden ocupar el tiempo de juego, de lectura tranquila, de reflexión, de convivencia familiar, de estudio individual y deberes del colegio, de ayuda en casa con las tareas domésticas, es decir, deben respetar estos tiempos tan educativos para el desarrollo integral de un niño o un adolescente.

Los escolares —afirman los psicólogos y pedagogos— necesitan también un tiempo para descansar, que ha de ser un tiempo para vivir verdaderamente a su aire, un tiempo que les permita poner en práctica su imaginación y su capacidad de decisión. Por esto nos parece importante hacernos eco de la recomendación de muchos especialistas en educación: "siempre deben quedar tardes libres".

Es importante que la actividad extraescolar que un alumno practica sea de su agrado, le interese y le divierta; de ningún modo puede ser una carga que le aburra soberanamente o no le interese. Su opinión a la hora de elegir una extraescolar es fundamental. A los hijos hay que escucharlos, ayudarles a tener criterio y dejarles elegir.


El interés por parte de los padres

El afán por tener unos hijos preparadísimos es una característica de los padres de la sociedad actual. Ese afán, en algunos casos, se convierte en una obcecación por llenar de actividades el tiempo libre extraescolar, hasta sobresaturarles de actividad.

Los objetivos que los padres persiguen al elegir y apuntar a sus hijos a una de las múltiples actividades extraescolares ofertadas son muy diversos. Hay padres que con esa práctica a lo que realmente aspiran es a proporcionar a sus hijos una formación más amplia y completa que la que les ofrece el colegio, quieren para ellos una formación integral, es decir, que abarque todos los aspectos de la persona.

Otros, en cambio, están interesados en extraescolares que contribuyan a "gastar" la energía propia de los adolescentes —desbordante e insaciable en muchos casos— para que lleguen a casa más sosegados en aras a una menor conflictividad en el hogar.

Hay también padres que se conforman sencillamente con que las extraescolares ocupen, sin más, el tiempo libre de sus hijos, se podría decir que simplemente aspiran a que esas actividades los entretengan y de paso aprendan algo o bien hagan deporte; esto suele ocurrir con mayor frecuencia cuando el horario laboral de los padres termina más tarde que el horario escolar de los hijos. De hecho, —asegura la investigadora Sheila González Motos de la Universidad Autónoma de Barcelona— las actividades extraescolares "experimentaron un crecimiento notable de la mano de la incorporación de las mujeres al mercado laboral". Por así decirlo, esos padres aspiran a que una extraescolar haga las veces de una guardería para niños o adolescentes.

Por supuesto, es primordial que las extraescolares sean actividades acordes a la edad, las circunstancias y las características de cada alumno. En este sentido, por ejemplo, hay padres interesados en extraescolares orientadas a un aprendizaje enfocado a que su hijo gane en sociabilidad, que adquiera o crezca en competencias básicas para la vida y aprenda a interactuar con los demás; dicho con otras palabras, que descubra y aprenda a desarrollar valores como son la paciencia, la empatía, el autocontrol, el espíritu de equipo, la capacidad de adaptación, por poner unos ejemplos. Otros, en cambio, optan por actividades que promuevan en sus hijos la autonomía personal, la responsabilidad, o bien la creatividad. Los intereses por parte de los padres son muy variados.

A nuestro modo de ver, las "buenas" actividades extraescolares han de cumplir al menos tres requisitos: 1) que aporten nuevos aprendizajes al alumno; 2) que favorezcan su crecimiento personal; y 3) que el alumno disfrute realizándolas, esto es, que su práctica no le suponga una carga.


Algunos de sus efectos

Una joven graduada en Comunicación, que en su período escolar dedicó muchas horas semanales —fuera del horario escolar, año tras año— a la danza clásica, nos cuenta su sentir de aquellos años de trabajo intenso y a la vez de gran gozo por la práctica de la danza como actividad extraescolar:

Me encanta la danza clásica. Lo descubrí a los cinco años y la practiqué hasta los dieciocho años. Tuve maestros muy buenos, disfrutaba como nadie en sus clases. Sin el apoyo incondicional y constante que tuve siempre de mis padres (también económico), yo no hubiera podido hacer compatible mis estudios escolares con esa mi gran afición, sobre todo al llegar al bachillerato. Aprendí danza, pero además aprendí a organizarme y a aprovechar el tiempo como la que más. Todos los esfuerzos de aquellos años, sin lugar a dudas, me valieron mucho la pena, si bien es cierto que no pude apuntarme a muchos planes de amigas y amigos típicos de los viernes por la tarde-noche de aquellos días: eso a veces hizo sentirme un poco "descolgada" de mi grupo de amigos. Sin embargo, mis amigas de verdad las tuve siempre conmigo. El balance es del todo positivo.

Realmente el apoyo logístico, económico, material, incluso emocional, por parte de los padres es un factor importante en los efectos que producen determinadas actividades fuera del horario lectivo, en particular las extraescolares competitivas y las que se esperan de ellas resultados como pueden ser clasificaciones, records deportivos, exigencias de nivel, diplomas, o trofeos.

La mayoría de las extraescolares se realizan en grupo. No obstante, cómo impactan a cada niño o joven en particular es muy variado. De hecho, "el alumnado con dificultades de aprendizaje y el socialmente vulnerable —asegura González Motos— es más sensible a experimentar mejoras por su participación en actividades extracurriculares". Por otro lado, asegura esta investigadora, la gran heterogeneidad tanto en cuanto a la actividad en sí misma como en cuanto a quien la dirige e imparte, hace que su calidad y su impacto en el aprendizaje del alumno y en su rendimiento escolar sean muy variables.

Un efecto claramente dañino de las actividades extraescolares y que se presenta con una relativa frecuencia, es el cargar la mochila de los hijos con las ilusiones, los gustos o muy en particular las frustraciones de sus padres. Este sería el caso, por ejemplo, del padre o la madre que no logró ser campeón o campeona en un deporte determinado y obliga a su hijo a entrenar muchas horas a la semana para que él sí lo logre. En esta línea los ejemplos son muchos y variadísimos. Parafraseando al educador social Antonio Reloba Castro, los hijos no tienen la obligación de enmendar los fracasos de sus padres; si los padres anhelan que sus hijos alcancen metas que ellos no pudieron alcanzar, entonces estarán poniendo una barrera a sus hijos para que estos alcancen sus propios sueños con libertad. Dicho con otras palabras, la elección y la práctica de una extraescolar debe responder a un interés del alumno, y no a unas expectativas personales deportivas, artísticas, culturales, tecnológicas o del tipo que sea de sus padres (paternas o maternas).

En cualquier caso, la periodista Mayte Rius escribe —y vale la pena tenerlo en cuenta— "las horas de actividades extraescolares son horas totalmente planificadas y dirigidas por adultos", lo que muy probablemente no va a favorecer la creatividad y la espontaneidad personales del joven educando, ni su capacidad de decisión y de resolver problemas en solitario.


¿Compensan o acrecientan desigualdades?

Ciertamente las actividades extraescolares —al menos en su gran mayoría— suponen un gasto económico añadido a los padres. Esto hace que no todos los alumnos cuenten con las mismas oportunidades educativas extraescolares para llegar a una formación integral. Mientras que hay quienes aseguran que las extraescolares compensan desigualdades de partida en relación al aprendizaje de determinados alumnos, otros aseguran que hacen crecer la brecha de la desigualdad. Esas voces alegan, no sin cierta razón, que las familias con rentas más bajas tienen el acceso más restringido a las actividades que son de pago. De hecho, los hijos de clases económicamente más bajas acuden menos a ellas y su tiempo libre probablemente lo dedican más a las pantallas, actividades sedentarias. Esta circunstancia puede tener un impacto negativo —y efectivamente pensamos que lo tiene— en el rendimiento escolar de estos alumnos.

El pedagogo Carles Barba—responsable de la iniciativa que lleva por nombre Educació 360, que pretende conectar la vida de los centros escolares con las actividades educativas que tienen lugar fuera de ellos— observa que existen también otros motivos por los que los alumnos se apuntan o no a determinadas actividades extraescolares. En efecto, ante esa circunstancia "intervienen elementos sociales y culturales de las familias, y también territoriales, porque en un pueblo pequeño no hay las mismas posibilidades que en una ciudad", destaca Carles Barba. A su vez, si hay conexión entre los monitores o profesores que imparten la extraescolar y el tutor o profesor de aula, el beneficio para el alumno suele ser mayor.

Las actividades extraescolares forman parte del llamado "currículo oculto", es decir, permiten aprendizajes insuficientemente atendidos por la escuela. Aprendizajes que consideramos importantes, de interés para los alumnos, que les enriquecen como personas y les ayudan a crecer. Sin embargo, los niños socialmente menos favorecidos tienden a participar menos en esas actividades. Como solución a esta situación discriminatoria se propone "crear ayudas económicas [becas] para los alumnos socialmente desfavorecidos" y "desarrollar normativamente el derecho de los niños al ocio educativo en condiciones de igualdad".

No obstante, no podemos olvidar que las diferencias entre las familias en cuanto a la importancia que dan a la educación y la cultura, la cantidad y la calidad de información que les llega, y las actitudes que los hijos presentan ante su propio aprendizaje y tiempo libre, son una realidad. Lo que queremos decir es que la formación a los padres de los alumnos no es una cuestión baladí. Los padres son los primeros educadores de sus hijos y cuando se trata de hacer partícipes a todos los niños y adolescentes de unas enseñanzas no regladas, fuera del horario escolar, el papel de los padres es clave y decisivo.